Un recuerdo, dijo, para escribir en la pared. Algún momento que vivimos juntos. Algo así, dijo.
Y en carretera, de madrugada, empecé a pensarlo. ¿Cuál de tantos? ¿Cuál de todos?
Me di cuenta lo relativo del tiempo, de nuevo. Tan poco tiempo, tan miles de memorias. ¿Cómo puede pasar tanto en tan poco? Intensidad.
Intensidad es el grado de fuerza con la que se manifiesta un fenómeno. Un agente natural. Te presentaste tan inesperado, tan intempestivo. Y la intensidad eléctrica refiere al suceso en una unidad de tiempo. Y por eso es que casi podría relatar nuestro día a día. Vivir juntos fue de las mejores emociones que he experimentado en mi vida.
Sábado otoñal, distraída en el cruce esperando a un amigo, y de repente, ahí parado, sonriéndome al levantar la vista. Grabada tengo esa mirada deslumbrada por el sol. ¿Viste la mía, Sol? Despeinado, de resaca y con una barra de pan comprada donde le había enseñado que era mi favorita. ¿Sería ahí que me di cuenta que me escuchaba? No podría asegurarlo.
Noche lluviosa de invierno, caminando en un barrio desconocido, bajo la lluvia. Hablando lo necesario, porque los silencios son cómodos. Soy de las que se inventaría que nos besamos bajo esa tremenda luna (que no sé si la hubo) para darle el toque romántico rosa a esa historia. Porque sólo así obtengo esos toques en mis historias grises.
Docenas de desayunos juntos.
Aquella cena después del Intruso, ¿qué preparaste? Desearía recordarlo todo.
La charla sobre las estrellas en el asiento de atrás de un desconocido.
¿Creerás que no recuerdo el momento donde te conté del hilito rojo? Pero sí recuerdo cuando me lo recordaste.
Intensidad. Un Sol intenso.
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