A penas recuerdo a esa yo de hace más de 350 días.
No fumaba, eso lo puedo decir.
Y me creí viajera de nuevo. Redescubrí esas alas que pensé que me estaban llevando a casa. A una casa que creí hogar. Que es hogar, Un hogar del que ahora no formo parte. Por más que los ame.
Hace un año no sé que pensaba mientras esperaba algo que no sabía que esperaba.
Algo.
Alguien.
Nombre.
Sentir.
Yo no sabía cuánto es que iba a cambiar mi vida en a penas unas semanas.
Aquí es donde mis dedos se paralizan y no saben cómo seguir esta historia sin cuento. Porque siempre me sobran y siempre me faltan palabras.
Y aquella yo no sabía cuánto es que estaba por aprender.
¡Cuánto es que no sabía de todo y de nada!
Aquella yo que no había descubierto al Sol. Ni a una rubia amiga que le cambió la vida.
Aquí, ahora, no es que fuese el Sol o la del cabello fino y claro, es que fui yo la que deseó que la luz apareciese y me mostrase un aviso de camino.
Aunque ahora no entienda más... Porque así soy.
Me voy.
Me voy.
Siempre voy.
Errante caminante.
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