Son las 20:59 y el cielo aún luce claro. Muy claro.
Es mi tercer Mayo aquí, y me sigue sorprendiendo. La primavera. Cómo, minuto a minuto, se va retrasando la puesta de sol.
Cómo las terrazas van apareciendo por toda Madrid y la gente las va ocupando cada vez más tarde. El calor es agobiante. Es final de Mayo.
Estos días son volubles, tanto como yo. Algunos calurosos que te mueres, y algunas noches que te sorprenden cuando tus hombros piden alguna chaquetilla.
Pero mi ventilador ya está conectado desde hace más de 10 días, y mi polar guardado en lo alto del armario. Y Gloria, la perrita de mi compi de piso se la vive a mi lado, para que la refresque con toallas húmedas que le ayuden a llevar un calor que parece más inquietante para ella que para las personas... Por ahora.
Sigo en la misma habitación que hace dos años y medio, Pero, gracias, no soy la misma. Ni mis letras, ni mis palabras. Jamás pronunciaré la "c" o la "z" como los españoles lo hacen, pero sí que he incorporado muchas expresiones suyas a mi hablar, a mi escribir... Incluso a mi pensar.
Ahora sé montar en bici por las calles, con una soltura que en algún momento pensé que no sería capaz de tener.... Y esta confianza, en casi todo mérito, tiene nombre, aunque diga que no, aunque diga que simplemente era "que me pusiera a ello". Quizás tiene razón. Pero, también, quizás nunca me hubiese "puesto a ello" sin aquella tarde en el parque que lleva nombre de una emperatriz. Con aquel Sol invernal. ¿O era ya primaveral?
Ni siquiera quiero pensar mucho en las fechas, porque todo ha pasado tan rápido, tan extraño... Y yo, ahora más que antes, me intimido ante la luz de esta vida que estoy intentando abrazar.
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